| El
Desarrollo Humano... y
género Desarrollo Humano y disparidades de género |
| El enfoque
del Desarrollo Humano ha puesto el acento en la importancia de la equidad
de género como exigencia normativa y como requisito para la sustentabilidad
del desarrollo. Sin embargo, la sociedad parece no reconocerles a las mujeres su aporte. Ya el Informe Mundial de Desarrollo Humano de 1995, dedicado especialmente al tema, constató que las mujeres realizan más de la mitad del total del tiempo de trabajo en el mundo. Del total del tiempo de trabajo masculino, las tres cuartas partes corresponden a actividades remuneradas, mientras que del tiempo de trabajo de la mujer, sólo un tercio obtiene remuneración. Si se estimara el aporte de todas las actividades económicas no remuneradas realizadas por mujeres y se asumiera la subvaloración de las actividades remuneradas, el producto mundial se incrementaría en alrededor de 11 billones de dólares. Es por ello que se dice que "las mujeres cuentan, pero no se contabilizan." Índices de disparidades de género La especial preocupación del PNUD por promover la igualdad de género se tradujo en el desarrollo de instrumentos metodológicos adecuados, tales como el "Índice de Desarrollo Relativo al Género" (IDG) y el "Índice de Potenciación de Género" (IPG). El IDG se estructura sobre la base de la misma lógica del IDH, pero detecta las diferencias entre hombres y mujeres en cada una de las variables y dimensiones que lo componen: salud, educación e ingreso.
* Según Metodología Informe Mundial, PNUD 1999 ** Sobre la base de Cobertura Básica, Media y Superior Fuente: 1-2-3 CASEN 1990-1998 4 INE CELADE 5-6 Banco Central Según el anterior cuadro de datos se puede apreciar que, en lo relativo a educación y a salud, las mujeres en Chile tienen iguales -y en algunos casos mejores- capacidades que los hombres. Sin embargo, es en la dimensión ingreso donde se muestran con toda su fuerza los desequilibrios. Teniendo en cuenta la participación de cada sexo en la economía, en 1990 el PIB per cápita atribuible a los hombres superaba en 3,6 veces al de las mujeres. En 1998, esta diferencia se acortó a 2,8 veces. Esto constituye un importante avance logrado en la década. A ello se suma un incremento de la participación de la mujer en la población económicamente activa, la cual ascendió de 32,7% en 1990 a 36,3% en 1998. En términos globales, entre 1990 y 1998 el IDG redujo su distancia respecto del IDH nacional en un 35%. Las desigualdades de género serán más difíciles de remover mientras las mujeres no cuenten con una mejor potenciación social. Esto implica una incorporación equitativa a las diversas instancias de poder de la sociedad, tanto en el plano económico como social y político. Sólo su presencia e injerencia en las decisiones fundamentales que pueden afectar sus vidas podrá asegurar una mejor perspectiva de respeto e igualdad. La potenciación de la mujer en Chile no va a la par con su nivel de Desarrollo Humano ni con su posición de liderazgo en América Latina. Según el IPG (instrumento metodológico elaborado por el PNUD en 1995), en 1995 Chile ocupaba el lugar número 54 entre 102 países del mundo; y, el lugar número 11 en América Latina. Hay que destacar, sin embargo, que entre 1990 y 1998 el IPG de Chile ha crecido respecto de su valor inicial, pasando de 0,607 a 0,699.
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