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Anexo
EVALUACIÓN DEL DESARROLLO HUMANO
El Indice de Desarrollo Humano (IDH), ha tenido éxito en servir de medición
alternativa del desarrollo, complementando el PNB. Sobre la base de
sus tres componentes distintos - indicadores de longevidad, educación
e ingreso per cápita - no se concentra exclusivamente en la opulencia
económica (como el PNB). Dentro de los límites de esos tres componentes
el IDH ha servido para ampliar substancialmente la atención empírica
que recibe la evaluación de los procesos de desarrollo.
No obstante, el IDH, que es inevitablemente un índice bruto, no debe
considerarse sino como una movida introductoria para hacer que la gente
se interese en la rica colección de información que se presenta en el
Informe sobre Desarrollo Humano. De hecho debo reconocer que inicialmente
no vi mucho mérito en el IDH mismo, que, así son las cosas, tuve el
privilegio de ayudar a formular. Al comienzo había expresado considerable
escepticismo a Mahbub ul Haq, el originador del Informe sobre Desarrollo
Humano, acerca del intento de centrarse en un índice bruto de ese tipo,
tratando de captar en un número simple una realidad compleja acerca
del desarrollo y la privación humanos. En contraste con el índice bruto
del IDH, el resto del Informe sobre Desarrollo Humano contiene una extensa
colección de cuadros, una abundancia de información sobre diversos rasgos
sociales, económicos y políticos que influyen en el carácter y la calidad
de la vida humana. ¿Por qué dar prominencia, es natural preguntarse,
a un índice bruto resumido que podría no comenzar a captar gran parte
de la rica información que hace que el Informe sobre Desarrollo Humano
sea tan interesante e importante?
El carácter bruto del índice no escapaba en modo alguno a Mahbub. No
opuso resistencia al argumento de que el IDH podía ser nada más que
un indicador muy limitado del desarrollo. Pero, tras cierta vacilación
inicial, Mahbub se convenció de que el predominio del PNB - un índice
excesivamente utilizado y vendido que él quería reemplazar - no se rompería
con ningún conjunto de cuadros. La gente los miraría respetuosamente,
sostuvo, pero cuando se tratara de usar una medición que resumiera el
desarrollo volverían al PNB sin adornos, porque era bruto pero conveniente.
Al escuchar a Mahbub escuché un eco del poema de T.S. Elliot "Norton
quemado"; "La especie humana / no puede soportar demasiada realidad".
"Necesitamos una medición", exigió Mahbub, del mismo nivel de vulgaridad
del PNB - sólo un número - pero una medición que no sea tan ciega a
los aspectos sociales de las vidas humanas como lo es el PNB". Mahbub
esperaba que el IDH no solamente mejorara - o al menos complementara
últimamente - al PNB, sino además que sirviera para ampliar el interés
público en las otras variables que se analizan abundantemente en el
Informe sobre Desarrollo Humano.
Mahbub entendía esto perfectamente, tengo que reconocerlo, y me complace
que no logramos desviarlo de la búsqueda de una medición bruta. Con
el uso experto del poder de atracción del IDH, Mahbub logró que los
lectores se interesaran en los abundantes cuadros sistemáticos y análisis
críticos detallados que se presentan en el Informe sobre Desarrollo
Humano. El índice bruto era claro y estentóreo y se le prestó atención
inteligente, y con ese instrumento la compleja realidad contenida en
el resto del Informe halló también un público interesado.
Amartya Sen
Premio Nobel de Economía, 1998 |