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El estudiante:
Comprende la importancia de conocer la cultura clásica, reconociéndose
como herederos de Grecia y Roma, en tanto raíces de la civilización occidental.
Sitúa espacial y temporalmente al mundo greco-romano de la Antigüedad.
Reconoce el origen histórico de los conceptos de: política, democracia,
ciudadanía y República, confrontándolos con su significado en el presente.
Valora la democracia ateniense a la vez que identifica sus limitaciones,
en relación a los derechos ciudadanos de las mujeres, y al carácter esclavista
de la sociedad.
Anexo (extraído
del Programa de Estudio de Historia y Ciencias Sociales para Tercero Medio,
MINEDUC)
La Democracia Ateniense
Discurso fúnebre pronunciado por Pericles al finalizar el primer año de
la guerra contra la liga del Peloponeso. Citado por Tucídides en Historia
de las Guerras del Peloponeso.
"...Tenemos un régimen de gobierno que no envidia las leyes de otras ciudades,
sino que somos un ejemplo y no imitamos a los demás. Su nombre es Democracia,
por no depender el gobierno de pocos, sino de un número mayor; de acuerdo
con nuestras leyes, cada uno está en situación de igualdad de derechos
en las disensiones privadas, mientras que según el renombre que cada uno
tenga, a juicio de la estimación pública, es honrado en lo público. No
tanto debido a la clase social a que pertenece, como por su mérito; tampoco,
en caso de pobreza, si alguien puede hacer un beneficio a la ciudad, se
lo impide la oscuridad de su fama.
Nos regimos liberalmente no sólo en lo relativo a los negocios públicos,
sino también en lo que se refiere a las sospechas recíprocas sobre la
vida diaria, no tomando a mal al prójimo que obre según su gusto, ni poniendo
rostros llenos de reproche, que no son un castigo, pero sí son penosos
de ver. No nos estorbamos en las relaciones privadas ni infringimos las
leyes en los asuntos públicos, sobre todo aquellas que están legisladas
en beneficio de los que sufren la injusticia, y a las que por su calidad
de leyes no escritas, traen una vergüenza manifiesta al que no las cumple.
Nos hemos procurado muchos recreos del espíritu, pues tenemos juegos y
sacrificios anuales y hermosas casas particulares, cosas cuyo disfrute
diario aleja las preocupaciones. Debido al gran número de habitantes de
la ciudad, entran en ella las riquezas de toda la tierra, y sucede que
la utilidad que obtenemos de los bienes que se producen en nuestro país
no es menos real que la que obtenemos de los demás pueblos.
Amamos la belleza y la sabiduría. Utilizamos la riqueza como medio para
la acción, más que como motivo de jactancia; no es vergonzoso, entre nosotros,
confesar la pobreza, sino el huirla de hecho.
Nos preocupan a la vez los hechos privados y los públicos. Nuestros ciudadanos,
cualquiera que sea su oficio, conocen suficientemente los asuntos públicos;
somos los únicos que consideramos no hombre pacífico sino inútil, al que
no participa en ellos.
Nos formamos un juicio propio, o estudiamos con exactitud los negocios
públicos, porque no consideramos que las palabras perjudiquen la acción,
sino que proviene mayor daño del no entenderse mediante la palabra antes
de la ejecución de alguna obra.
Tenemos en alto grado esta particularidad: ser los más audaces y reflexionar
además sobre lo que emprendemos, mientras que a los otros, la ignorancia
les da osadía, y la reflexión, demora.
La ciudad entera es la escuela de Grecia, y creo que cualquier ateniense
puede lograr una personalidad flexible y completa en los más distintos
aspectos, sin que falte el encanto personal. Que esto no es una exageración
retórica, sino la realidad, lo demuestra el poderío mismo de la ciudad.
Atenas es la única de las ciudades de hoy con un poderío superior a la
fama que tiene... Por una ciudad así murieron estos soldados, considerando
justo, con toda nobleza, que no les fuera arrebatada; por ella, todos
los que quedamos, es natural que aceptemos sufrir penalidades".
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